Anti rutina

“Di a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes: ‘Cuando ayunabais y llorabais en el séptimo mes durante los setenta años, ¿habéis ayunado para mí? Y cuando comíais y bebíais, ¿no comíais y bebías para vosotros mismos?” Zacarías 7:5-6
Graham Bell parecía un loco colocando un bote de lata con una cuerda unida a otro bote. Probó y probó hasta que demostró su teoría. Lo mismo hizo Benjamín Franklin cuando descubrió la electricidad. Por estos ‘locos’ nosotros en el siglo XXI podemos hablar por teléfono y tenemos luz eléctrica. Pero, ¿qué fue en realidad lo que les pasó a estos y otros inventores?, simple, muy simple: decidieron salir de la rutina. ¿Saben?, podemos afirmar que la rutina es la tumba de la inventiva del actor social: todo lo que hacemos constituye un ‘protocolo’ adoptado en la comodidad de hacer lo que siempre hacemos, en la misma forma, de la misma manera, en el mismo orden y así, siguiendo por hábito y ‘costumbre social’ nuestra vida, no nos damos cuenta de las buenas cosas que dejamos de disfrutar. Y, por favor atendamos, es tan peligrosa esta actitud, que aún nuestro culto a un Dios perfecto y Todopoderoso, cae dentro de esta rutina. Hoy hablaremos de cómo practicar la anti rutina. ¿Podemos leer esta meditación con la Biblia abierta en este pasaje? ¡Es para hacerlo diferente!
En el año 518 a.C. reinaba Darío en Persia y el pueblo de Israel estaba terminando los setenta años de cautiverio, de manera que ya Jerusalén se estaba reconstruyendo. Todos los años anteriores se proclamaba un ayuno anual para recordar la destrucción de esta capital del reino de Judá, todos los años, el mismo mes, ¡durante setenta años! ¿Acaso era malo ayunar?, ¿acaso era malo el culto a Dios? Pero Dios les marca un alto y les cuestiona sobre los motivos del ayuno y, ojo, del lloro. ¿Será que llorar por lo que nos ha pasado es igualmente malo? Cuando una persona llora por una tragedia del pasado, ¿no lo hace por rutina o sea por costumbre? ¡Ah!, el tema de hoy sí está interesante.
Podemos afirmar sin discusión que los humanos somos actores sociales que actuamos bajo lo que llamaremos ‘costumbre o rutina social’. Nos acostumbramos a sufrir, a quejarnos, a ir a la iglesia, a orar, a ayunar, en fin, a hacer todo por rutina. ¿Vemos el punto? Solo para situarnos en mejor forma en lo que queremos decir, pensemos en un acto rutinario que practican los esposos y esposas: ¡el beso de despedida todos los días! ¿Vieron?, ya ni siquiera pensamos en lo que hacemos. Hagamos algo la próxima vez que nos despidamos después de leer esta meditación. Paremos un momento, démosle un abrazo a nuestro cónyuge, detengamos el reloj unos minutos y hoy, pongamos atención en lo que hacemos. ¿Lo hicieron?, ¿cómo les fue?
Los israelitas habían caído en la costumbre religiosa de ayunar, se convocaban como todos los años, ayunaban como todos los años, lloraban como todos los años, oraban como todos los años y, lo más impresionante, terminaban el rito como todos los años, ¡y regresaban a su rutina como todos los años! ¿Acaso no podían parar un momento para meditar en lo que hacían, por qué lo hacían y para quien lo hacían? ¡Vaya, esto sí se pone ‘cardiaco’! Hace unos días Carmen Rosa me dijo una frase que me dejó pensando. Se refería a un grupo que se reúne todas las semanas para estudiar la Biblia y cuando yo le pregunté sus objetivos, me dijo: este grupo es receptor, no dador. ¿Cómo así? Ella me explicó que habían grupos que se reunían solo para departir y que no trabajaban en lograr que otras personas conocieran a Cristo: ¡solo recibían y no daban! Claro, se vuelve una rutina. Por eso cuando se ven organizaciones que trabajan en la divulgación del evangelio y que hablan de ‘mis ovejitas’, se intuye que son dirigidas por alguien que decidió dejar la rutina de la iglesia tradicional, y, ¡pues poner a trabajar a la gente! Hay una diferencia pues, entre hacer las cosas como un conjunto de ritos, o sea ‘una rutina’ o, por favor volvamos a atender cuidadosamente: decidir parar un momento y darnos cuenta que vivimos para agradar a un Dios perfecto y que siempre, siempre y otra vez siempre, nos da sus misericordias nuevas cada mañana. Cuando estaba en la cárcel decidí dejar la rutina y escribir para divulgar el evangelio: por eso hoy me estás leyendo, ¿qué hubiera pasado si me meto en la rutina y sufro por costumbre?


¿Sabes?, Dios prospera la inventiva: practica pues la anti rutina.
Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, testifico: sí es una realidad.

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