¿Quién… es un misionero?

¿Quién pudiera entender el corazón de un misionero? Solamente Aquel que lo llamó de entre multitudes, para su servicio. ¿Quién pudiera entender sus sentimientos, frustraciones, lágrimas, soledad, desesperación, hasta los miedos de un misionero? Sólo Aquel que lo ha llamado, y le ha puesto un corazón de valiente, y ha fundido su mismo carácter en su vida, para que puedan sentir lo que Él siente, y ha derramado su amor desbordando su mismo corazón, para que un misionero pueda ser obediente al llamado, porque Él es la persona que puede sentir ese mismo amor por la gente que se pierde. Dios te recompensará cada una de las cosas que has dejado por ser obediente, te dará gratificaciones, que nadie más lo podrá hacer.

¿Qué es un Misionero?

En algún lugar entre lo santo y lo absurdo encontramos una criatura muy curiosa llamada Misionero. Misioneros vienen de distintos tamaños, pesos y colores, pero todos han sido enviados por el mismo Señor quien manda a todos a evangelizar.
Misioneros se encuentran en todas partes: saliendo, animando, lanzándose, regresando de haber estado, trayendo, soportando y tomando su lugar. Cristianos los aman, gobiernos los toleran, padres los extrañan, paganos los ignoran y Cristo los protege.
Misionero es la verdad con un eje partido en las manos, belleza con un niño enfermo en sus brazos, sabiduría con una Biblia en el bolsillo, y esperanza con Cristo en su corazón.
Misionero tiene la paciencia de un pescador, la audacia de un acróbata, el cuidado de un contador, la visión de un soñador, la fuerza de un constructor, la inteligencia de un maestro, la gracia de un comediante, la irresponsabilidad de un niño, y cuando emprende alguna cosa, todo lo hace en oración. Le gustan cartas familiares, niños, predicadores, misioneros en perspectiva, regresar de giras, conferencias misioneras, tratados, imprentas, estaciones de radio, traductores, regalos, aviones, aldeas, estudios bíblicos, ciudades, cursos por correspondencia y librerías. No le gusta promoción de alta presión, papeleo, la devaluación del dólar, una fe a medias, hipocresía y discriminación. Nadie es más presto para cuidar a otros.
Misionero es una criatura curiosa. Usted puede enviarle a un lugar remoto, pero más le vale no olvidarlo. Puede deshacerse de él personalmente, pero nunca sale de su corazón. Él es su siervo, su brazo derecho, alguien que depende de usted; uno que predica la Biblia; que teme y sirve a Dios; un paquete de amor. Cuando usted, viene a la iglesia sintiéndose confiado de que es un tremendo cristiano, él puede despertarlo de su sueño con las palabras tan sencillas: «Vengan a trabajar con nosotros».

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